DISCAPACITODOS

Educación, Tecnología y Accesibilidad nos importan a todos. Porque bajo las circunstancias adecuadas, todos somos discapacitados.

Sobrevivir a la infancia


Lindeiros – Octubre 2014

Hace casi un año mi familia y yo nos regalamos una escapada a tierras castellanas. Llevaba ya cerca de 60 días lloviendo casi ininterrumpidamente, y la única opción para no empezar a comunicarnos con los batracios de nuestro estanque de igual a igual, era darse un paseo por el secano.
Elegimos el entorno de Ponferrada-Astorga. Si la lluvia persistía más allá de Gallaecia, las mantecadas y los embutidos se encargarían de aliviar el alma.
La parada para comer fue en Villafranca. El Bierzo no es gallego, pero lo disimula muy bien. La lluvia pertinaz nos recordaba que lo misma da un lado del monte que el otro cuando la nube se ancla a la cumbre, y las “tapas” que nos sirvieron podrían alimentar a una cuadrilla de legionarios romanos camino de Brigantium sin problema. Hubo que pasear para acomodar tan buenas viandas antes de volver al coche, tanto si escampaba como si se caía el cielo a pedazos. Y que mejor paseo que subir al castillo.
Fue en esas cuando nos encontramos, en un meandro del camino, un parque infantil acomodado entre dos grandes robles. Un simple columpio y un balancín era todo el variado equipamiento que alojaba. La peculiaridad estaba en que, en lugar de ser columpios al uso, de madera autoclavada, tablero fenólico y plástico sobre losas anti-impacto de alta densidad, eran “de la vieja escuela”.
Mi hija, que en sus 7 años de vida jamás había visto algo así, lo tomó como parte de un circuito biosaludable molón. Cuando le explicamos que así eran los columpios cuando su padre y yo éramos pequeños, nos miró como si fuésemos cromagnones recientemente salidos de una caverna.
Efectivamente, yo crecí en los ochenta y, como dice el “Reno Renardo” en su mítica canción, sobreviví. E en ese momento se me vino a la cabeza una de las más gloriosas frases del tema: “Nos jugábamos la vida magullándonos los codos y rodillas, en columpios oxidados, con aristas y en un suelo de gravilla”.

Ilustración que muestra a un niños ante unos columpios protegido por cojines en B/N

Ilustración original de Jorge del Oro

Lindeiros – Outubro 2014

Hai case un ano a miña familia e eu regalámonos unha escapada a terras castelás. Levaba xa preto de 60 días chovendo case ininterrompidamente, e a única opción para non empezar a comunicarnos cos batracios do noso estanque de igual a igual, era darse un paseo polo secaño.
Eliximos a contorna de Ponferrada-Astorga. Se a choiva persistía máis alá de Gallaecia, as mantecadas e a chacina encargaríanse de aliviar a alma.
A parada a comer foi en Villafranca. O Bierzo non é galego, pero disimúlao moi ben. A choiva pertinaz lembrábanos que o mesmo dá un lado do monte que o outro cando a nube está xusto no cume, e as “tapas” que nos serviron poderían alimentar a unha cuadrilla de lexionarios romanos camiño de Brigantium sen problema. Houbo que pasear para acomodar tan boas viandas antes de volver ao coche, tanto se escampaba coma se caía o ceo a pedazos. E que mellor paseo que subir ao castelo.
Foi nesas que nos atopamos, nun meandro do camiño, cun parque infantil acomodado entre dous grandes carballos. Unha simple randeeira e un bambán era todo o variado equipamento que aloxaba. A peculiaridade estaba en que, en lugar de ser randeeiras ao uso, en madeira autoclavada, taboleiro fenólico e plástico sobre lousas anti-impacto de alta densidade, eran “da vella escola”.
A miña filla, que nos seus 7 anos de vida xamais vira algo así, tomouno como parte dun circuíto biosaúdable molón. Cando lle explicamos que así eran as randeeiras cando o seu pai e eu eramos pequenos mirounos que se fósemos cromagnones recentemente saídos dunha caverna.
Efectivamente eu crecín nos oitenta e, como di o “Reno Renardo” na súa mítica canción, sobrevivín. E nese momento véuseme á cabeza una das máis gloriosas frases da cantiga: “Nos jugabamos la vida magullándonos los codos y rodillas, en columpios oxidados, con aristas y en un suelo de gravilla”.

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