DISCAPACITODOS

Educación, Tecnología y Accesibilidad nos importan a todos. Porque bajo las circunstancias adecuadas, todos somos discapacitados.

Minifundio patológico


Lindeiros – Diciembre 2014

Galicia a vista de pájaro es un precioso patchwork verde hecho con retales muy muy pequeños. El territorio se parte y reparte, llevándose siempre los mismos la mejor parte, dicho sea de paso. Apegados al terruño y a lo nuestro entendemos el mundo desde la óptica de lo pequeño y cercano.
Somos de minifundio. Las huertecitas en las que cada cual se cultiva lo suyo y se autoabastece para sobrevivir. Y sobrevivimos. Pero la ventaja del minifundio es, a la vez, su limitación. Permite sobrevivir pero no progresar.
En Galicia la tierra lo es todo. Somos la tierra que nos cobija, aunque con lo que llueve sea más agua que tierra. Así vivimos y así pensamos. Lo nuestro es el minifundio mental, brillante concepto acuñado con gran acierto por quien mes a mes ilustra esta columna.
Somos minifundistas en nuestra concepción del mundo y de la vida. Somos minifundistas en nuestras expectativas. Somos marcos y somos lindes. Parcelamos nuestras luchas y nuestras metas.
Labramos el futuro con el hazadón, porque el minifundio apenas entiende de tractores y maquinaria de cultivo.
En el qué-hay-de-lo-mío no hay fronteras en nuestro país. En el imperio del minifundio mental no se pone el sol.
Por eso, llegado el momento de defender nuestros intereses, sobre todo los que nos tocan la salud y los dineros, las asociaciones se multiplican como setas, cada una arrimando el ascua a su sardina. Aparentemente los intereses de una persona con la patología A no tienen nada, pero nada, que ver con los de otra con la enfermedad crónica B. No debe ser lo mismo, ni parecido, que te falte un brazo a que te falte una pierna, a la hora de defender el acceso a una sanidad justa, eficiente y de calidad. Y, además, a poder ser, innovadora, si nos ponemos a escribir cartas a los reyes magos.
Parece que nos podemos unir en federaciones y confederaciones, que son como las comunidades de vecinos, que ni para barrer la escalera se ponen de acuerdo sin cierta bronca.
Así, entre tanto cada asociación vigila que no le muevan el marco de su parcelita patológica, de su discapacidad reconocida o de su subvención en curso. El verdadero avance de los derechos de las personas a ser y a estar en el mundo en igualdad de condiciones con independencia de sus analíticas, cariotipos, test o prótesis varias, se queda en agua de borrajas.
Que pena, que pudiendo ser Fuenteovejuna seamos Paco Umbral.

Ilustración en B/N que muestra un cerebro parcelado como los campos en foto aerea

Ilustración original de Jorge del Oro

Lindeiros – Decembro 2014

Galicia desde o alto é un precioso patchwork verde feito con retallos moi moi pequenos. O territorio pártese e repártese, levándose sempre os mesmos a mellor parte, dito sexa de paso. Apegados ao terruño e ao noso entendemos o mundo desde a óptica do pequeno e próximo.
Somos de minifundio. Das hortiñas nas que cada quen cultiva o seu e se autoabastece para sobrevivir. E sobrevivimos. Pero a vantaxe do minifundio é, á vez, a súa limitación. Permite sobrevivir pero non progresar.
En Galicia a terra éo todo. Somos a terra que nos acubilla, aínda que, co que chove sexa máis auga que terra. Así vivimos e así pensamos. O noso é o minifundio mental, brillante concepto acuñado con gran acerto por quen mes a mes ilustra esta columna.
Somos minifundistas na nosa concepción do mundo e da vida. Somos minifundistas nas nosas expectativas. Somos marcos e somos lindes. Parcelamos nosas loitas e as nosas metas.
Labramos o futuro co sacho, porque o minifundio apenas entende de tractores e maquinaria de cultivo.
No que-hai-do-meu non hai fronteiras no noso país. No imperio do minifundio mental non se pon o sol.
Por iso, chegado o momento de defender os nosos intereses, sobre todo os que nos tocan a saúde e aos diñeiros, as asociacións multiplícanse como cogomelos, cada unha arrimando o ascua á súa sardiña. Aparentemente os intereses dunha persoa coa patoloxía A non teñen nada, pero nada, que ver cos doutra coa enfermidade crónica B. Non debe ser o mesmo, nin parecido, que che falte un brazo a que che falte unha perna, á hora de defender o acceso a unha sanidade xusta, eficiente e de calidade. E, ademais, a poder ser, innovadora, se nos pomos a escribir cartas aos Reis Magos.
Parece que nos podemos unir en federacións e confederacións, que son como as comunidades de veciños, que nin para varrer a escaleira se poñen de acordo sen certa rifa.
Así, entre tanto cada asociación vixía que non lle movan o marco da súa parceliña patolóxica, da súa discapacidade recoñecida ou da súa subvención en curso. O verdadeiro avance dos dereitos das persoas a ser e a estar no mundo en igualdade de condicións con independencia das súas analíticas, cariotipos, test ou próteses varias, queda en todo e nada.
Que pena, que podendo ser Fuenteovejuna sexamos Paco Umbral.

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