DISCAPACITODOS

Educación, Tecnología y Accesibilidad nos importan a todos. Porque bajo las circunstancias adecuadas, todos somos discapacitados.

El mapa de la lengua y los libros de mitos

En esta ocasión no seguimos el orden cronológico porque esta colaboración viene a colación del siguiente post.

Lindeiros – Marzo 2014

La punta de la lengua identifica el sabor dulce, la base el amargo. Todos estudiamos en nuestros libros de texto un mapa de la lengua que ilustra las regiones encargadas de identificar cada uno de los sabores. Nuestros hijos, taitantos años después, siguen estudiándolo sin que, por repetirlo hasta la saciedad, sea más verdadero. La triste realidad es que el mapa de identificación de los sabores por la lengua no existe. Es un mito. Uno de tantos mitos que se enseñan y aprenden como verdades científicas pero que son producto de errores, malas traducciones, publicidad intencionada o simple buenrollismo.
En este caso el origen del mito se debe al prestigioso psicólogo de Harvard, Edwin Boring y a su traducción de una investigación alemana sobre la sensibilidad a los sabores. El señor Boring se equivocó, comprendió mal los términos de la misma. El trabajo original alemán establecía lo que cualquiera puede comprobar con un puñado de sal y la punta de su propia lengua. Todas las zonas identifican la totalidad de los sabores, que por cierto no son cuatro, sino cinco (busquen “Umami” en Internet). Con todo, cada zona tiene umbrales de detección ligerísimamente diferentes, tan mínimos que no resultan significativos.
En 1974 se demostró definitivamente y sin duda alguna que es un mito científico y, por tanto, desde esa fecha, no procede la enseñanza del mismo. Aun así mi hija, en pleno 2014, tiene un mapa de la lengua en sus libros de texto de “Conocimiento del Medio”. Tuvo que estudiarlo y examinarse de él, 40 años después de su refutación científica definitiva.
No se trata, ni mucho menos, de un caso aislado. Si les pido un ejemplo de alimento rico en hierro, seguramente me dirán, fuertemente influenciados por un desproporcionado marinero y su escuálida novia, que las espinacas son lo que necesito. Es algo que escuchamos a médicos, nutricionistas y demás expertos en salud. No obstante éstas tienen apenas 17 miligramos de hierro por quilo, en comparación con los 76 de las judías cocidas, los 260 de los berberechos o los 300 miligramos por quilo de la morcilla. La historia se remonta a los comienzos de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno de los EEUU detectó un alarmante aumento de anemia ferropénica entre la población infantil. Se buscó un alimento rico en hierro para introducir en la dieta. La persona encargada indagó en la bibliografía alemana (lo que no deja de ser irónico). Leyó que las espinacas eran ricas en este elemento, sin darse cuenta de que se trataba de una errata. Así nació Popeye, genial paradigma de propaganda, y el resto es historia.
Las lentejas, por si tienen curiosidad, también tienen poco hierro y va acompañado de otros elementos que lo hacen insoluble y lo incorporan a las heces. Con todo no hai libro de texto que no incluya estos dos alimentos como fuentes ricas en hierro.
Los libros de texto, esos folletines a precio de incunable, están infestados de mitos, falsas verdades y mala ciencia. Por eso hay que cambiarlos cada seis años, para estar al día y tenerlos actualizados con recientes avances científicos. Por eso hay que pagar una indecencia, para que los expertos los revisen permanentemente y garantizar los más altos estándares. Por eso encadenan a la mayoría de los docentes. No se crean que es comodidad o tradición, es por lo bien hechitos que están.

Ilustración en B/N que muestra la parte inferior de una cara con la lengua fuera y, sobre ella, dibujada, una rosa de los vientos con los puntos cardinales señalados.

Ilustración original de @JorgeDelOro


Lindeiros – Marzo 2014

O mapa da lingua e os libros de mitos

A punta da lingua identifica o sabor doce, a base o amargo. Todos estudamos nos nosos libros de texto un mapa da lingua que ilustra as rexións encargadas de identificar cada un dos sabores. Os nosos fillos, taetantos anos despois, segueno a estudar sen que por repetido até a saciedade sexa máis verdadeiro.
A triste realidade é que o mapa de identificación dos sabores pola lingua, non existe. É un mito. Un de tantos mitos que se ensinan e aprénden como verdades científicas pero que son produto de erros, malas traducións, publicidade intencionada ou simple borrollismo.
Neste caso, a orixe do mito débeselle ao prestixioso psicólogo de Harvard, Edwin Boring e á súa tradución dunha investigación alemá sobre a sensibilidade aos sabores. O señor Boring errou, comprendendo mal os termos da mesma. O traballo orixinal alemán establecía o que calquera pode comprobar cun puñado de sal e a punta da súa propia lingua. Todas as zonas identifican a totalidade dos sabores, que por certo non son catro, senón cinco (busquen “Umami” en Internet). Con todo cada zona ten limiares de detección lixeirisimamente diferentes, tan mínimos que non resultan significativos.
En 1974 demostrouse definitivamente e sen dúbida que é un mito científico e, por tanto, desde esa data, non procede o ensino do mesmo. Aínda así a miña filla, en pleno 2014, ten un mapa da lingua nos seus libros de texto de Coñecemento do Medio. Tivo que estudalo e examinarse del, 40 anos despois da súa refutación científica definitiva.
Non se trata, nin moito menos, dun caso illado. Se lles pido un exemplo de alimento rico en ferro, seguramente me dirán, fortemente influenciados por un desproporcionado mariñeiro e a súa escuálida noiva, que as espinacas son o que necesito. É algo que escoitamos a médicos, nutricionistas e demais expertos en saúde. Con todo éstas teñen apenas 17 miligramos de ferro por quilo, en comparación cos 76 das xudías cocidas, os 260 dos berberechos ou os 300 miligramos por quilo da morcilla. A historia remóntase a comezos da Segunda Guerra Mundial, cando o goberno dos EEUU detectou un alarmante aumento da anemia ferropénica entre a poboación infantil. Buscouse un alimento rico en ferro para introducir na dieta. A persoa encargada indagou en bibliografía alemá (o que non deixa de ser irónico). Leu que as espinacas eran ricas neste elemento, sen decatarse de que se trataba dunha errata. Así naceu Popeie, xenial paradigma de propaganda, e o resto é historia.
As lentellas, por se teñen curiosidade, tamén teñen pouco ferro e vai acompañado doutros elementos que o fan insoluble e incorpórano ás feces. Non obstante non hai libro de texto que non inclúa estes dous alimentos como fontes ricas en ferro.
Os libros de texto, eses folletíns a prezo de incunable, están infestados de mitos, falsas verdades e mala ciencia. Por iso hai que cambialos cada seis anos, para estar ao día e telos actualizados con recentes avances científicos. Por iso hai que pagar unha indecencia, para que os expertos os revísen permanentemente e garantir os máis altos estándares. Por iso encandean á maioría dos docentes. Non se crean que é comodidade ou tradición, é polo ben feitiños que están.

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