DISCAPACITODOS

Educación, Tecnología y Accesibilidad nos importan a todos. Porque bajo las circunstancias adecuadas, todos somos discapacitados.

Divide et impera… o no


Lindeiros – Abril 2015

“Supongamos que tenemos un carro cargado con sacos de patatas en lo alto de un monte. Deseamos trasladar ese carro al monte contiguo tirado única y exclusivamente por caracoles”.

A este, en apariencia absurdo, problema, nos enfrentamos quienes suscriben estas líneas en texto e ilustración, cuando cursábamos nuestros estudios universitarios. ¿Quién dice que la USC no es creativa?. Obviamente la intención de nuestro profesor no era explorar nuevas líneas de negocio; sustituir animales de tiro, como caballos y bueyes, por los abundantes caracoles que prosperan al amor de nuestro húmedo clima galaico. El objetivo era mostrar como, a la hora de enfrentarse a un problema, se requieren múltiples enfoques y conocimientos de áreas muy dispares. Y nada como el absurdo para despertar neuronas.
En el caso que nos ocupa, es obvio que hay que resolver ciertos “inconvenientes” que dificultan el uso de gasterópodos en el transporte de mercancías. ¿Cuánto pesa, aproximadamente, un carro y cuántos quilos de patatas es capaz de cargar? ¿Cuánta tracción aguanta la concha de un caracol antes de romper y matar a su inquilino? ¿Qué arnés podemos montarle a dicha concha?… Pero, sobre todo, ¿cómo narieces logramos que un ejército de babantes caracoles se muevan coordinadamente, a la vez y en la misma dirección, de modo continuado, para recorrer una distancia más o menos larga?
Necesitaremos conocimientos de ingeniería mecánica y biomecánica, resistencia de materiales, zoología, etología, ingeniería de caminos, transporte de mercancías especiales y un largo etcétera que, a su vez, necesita de física, matemáticas, biología, química….
Este hecho, la necesidad de un enfoque transdisciplinar, está muy presente en la mente de todo profesional cuyo quehacer diario se centra en resolver problemas.
Con todo, la tradición educativa del siglo XX se acomodó en un enfoque que parte y reparte el conocimiento general y básico en pequeños feudos académicos. En ellos los diferentes colectivos de profesores nos afanamos en arrimar el ascua a nuestra particular sardina.
Con la excusa de la mayor preparación de los profesores y, al fin, de sus pupilos, se ha clonado el esquema universitario en el bachillerato, este a su vez en la secundaria obligatoria y, finalmente, en la educación primaria. Se salva, por el momento, la educación infantil, esa isla paradisiaca en medio del desierto pedagógico. Nos lanzamos a un vórtice asignaturizador, capaz de convertir casi cualquier área de conocimiento o destreza humana en una materia curricular.
Ahora viene Finlandia, donde se ve que frío y las auroras boreales atontan el raciocinio y las entendederas, a decir “basta ya”. En el horizonte de 2020 desean ver erradicadas de sus currículos las materias, ese invento que tuvo sentido en la universidad del siglo XIX pero que resulta inútil en el mundo globalizado del siglo XXI.
Tal vez ahora una ola de sensatez venida del norte nos invada y volvamos a algo que funcionaba y que nunca abandonamos del todo. La educación secundaria de adultos, por ejemplo, no tiene las porrocientas materias de la ESO, sino tres ámbitos de conocimiento integrados. Y el títulos que se obtiene es el mismo. Igual ocurre con los programas de diversificación curricular o la Formación Profesional Básica. Donde las materias fracasan los ámbitos de conocimiento funcionan de maravilla.
Pero, a diferencia de Finlandia, nosotros esperamos a que el alumnado fracase para darle acceso al sistema que funciona. Como un sistema sanitario que pudiendo desarrollar la higiene y las vacunas, se afanase únicamente en desarrollar antibióticos y paliativos.
En educación parece imponerse la máxima latina “divide y vencerás”. Se nos olvida que el conocimiento no es nuestro enemigo. O no debería.
En lugar de fraccionar deberíamos integrar para ser eficaces y efectivos. Porque la realidad no se divide en materias.

Ilustración que muestra una composición de fotografías o piezas formando un caracol

Ilustración original de Jorge del Oro

Lindeiros – Abril 2015

“Supoñamos que temos un carro cargado con sacos de patacas no alto dun outeiro. Desexamos trasladar este carro ao outeiro contiguo tirado único e exclusivamente por caracois.”

A este, en aparencia absurdo, problema, enfrontámonos quen subscriben estas liñas en texto e ilustración, cando cursabamos os nosos serios estudos universitarios. Quen di que a USC non é creativa?. Obviamente a intención do noso profesor non era explorar novas liñas de negocio; substituír animais de tiro, como cabalos e bois, polos abundantes caracois que prosperan ao amor do noso húmido clima galaico. O obxectivo era mostrar como, á hora de enfrontarse a un problema, requírense múltiples enfoques e coñecementos de áreas moi dispares. E nada como o absurdo para espertar neuronas.

No caso que nos ocupa, é obvio que hai que resolver certos “inconvenientes” que dificultan o uso de gasterópodos no transporte de mercadorías. Canto pesa, aproximadamente, un carro e cantos quilos de patacas é capaz de cargar? Canta tracción aguanta a cuncha dun caracol antes de romper e matar o seu inquilino? Que arnés podemos montarlle á devandita cuncha?… Pero, sobre todo, como narices logramos que un exército de babantes caracois se movan coordinadamente, á vez e na mesma dirección, de modo continuado, para percorrer unha distancia máis ou menos longa?

Necesitamos coñecementos de enxeñaría mecánica e biomecánica, resistencia de materiais, zooloxía, etología, enxeñaría de camiños, transporte de mercadorías especiais e un longo etcétera que, á súa vez, necesita da física, as matemáticas, a bioloxía ou a química…

Este feito, a necesidade dun enfoque transdisciplinar, está moi presente na mente de todo profesional cuxo quefacer diario se centra en resolver problemas.

Con todo, a tradición educativa do século XX acomodouse nun enfoque que parte e reparte o coñecemento xeral e básico en pequenos feudos académicos. Neles os diferentes colectivos de profesores afanámonos en arrimar o ascua á nosa particular sardiña.

Coa escusa da maior preparación dos profesores e, ao cabo, dos seus pupilos, clonouse o esquema universitario no bacharelato, este á súa vez na secundaria obrigatoria e, finalmente, na educación primaria. Sálvase, polo momento, a educación infantil, esa illa paradisiaca no medio do deserto pedagóxico. Lanzámonos a un vórtice asignaturizador, capaz de converter case calquera área de coñecemento ou destreza humana nunha materia curricular.

Agora vén Finlandia, onde se ve que o frío e as auroras boreais amornan o raciocinio e as entendedeiras, a dicir que “xa abonda”. No horizonte de 2020 desexan ver erradicadas dos seus currículos as materias, ese invento que tivo sentido na universidade do século XIX pero que resulta inútil no mundo globalizado do século XXI.

Talvez agora unha onda de sensatez vida do norte nos invada e volvamos a algo que funcionaba, e que nunca abandonamos do todo. A educación secundaria de adultos, por exemplo, non ten as porrocentas materias da ESO, senón tres ámbitos de coñecemento integrados. E o título que se obtén é o mesmo. Igual ocorre cos programas de diversificación curricular ou a Formación Profesional Básica. Onde as materias fracasan os ámbitos de coñecemento funcionan de marabilla.

Pero, a diferenza de Finlandia, nós esperamos a que o alumnado fracase para darlle acceso ao sistema que funciona. Como un sistema sanitario que podendo desenvolver a hixiene e as vacinas, afanásese unicamente en desenvolver antibióticos e paliativos.

En educación parece imporse a máxima latina “divide e vencerás”. Esquécesenos que o coñecemento non é o noso inimigo. Ou non debería.

En lugar de fraccionar deberiamos integrar para ser eficaces e efectivos. Porque a realidade non se divide en materias.

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