DISCAPACITODOS

Educación, Tecnología y Accesibilidad nos importan a todos. Porque bajo las circunstancias adecuadas, todos somos discapacitados.

Caligrafía démodé


Lindeiros – Enero 2015

Sin lugar a dudas la noticia educativa el mes pasado fue la supuesta desaparición de la escritura manual en la educación finlandesa. El 1 de diciembre saltaba la bomba en todos los periódicos nacionales: Finlandia cambiaba la caligrafía por la mecanografía en sus aulas. Un cambio más que disruptivo que, de haberse anunciado 28 días después, habría pasado por una inverosímil inocentada.

No obstante, pese a lo disparatado de la afirmación, en lugar de cuestionar la veracidad y precisión de la noticia, toda suerte de tertulianos, periodistas y opinólogos varios se convirtieron, de golpe y porrazo, en expertos en pedagogía y neurociencia. El fantasma de las tardes pasadas en compañía del inefable cuadernillo Rubio hicieron mella en muchos que, presas del deseo de venganza, afilaron cuchillos y guadañas. Si Finlandia puede, que son cabeza del mundo en educación, España que se ponga a ello.

Tal y como se puso de manifiesto al día siguiente, Finlandia no se ha vuelto loca. No. Lo que ocurre es que nos leemos las noticias foráneas tirando de traductor automático y se lía parda. En el país nórdico han decidido que ya está bien de obligar por ley a que todo el mundo tenga una caligrafía ligada (la del cuadernillo Rubio) y que, por tanto, esa destreza dejará de formar parte del currículo nacional. Y ello con dos puntualizaciones básicas. En primer lugar, sí se enseñara escritura manual, pero de corte más tipográfico, como la que hace todo el mundo cuando se libra del yugo de cuaderno de caligrafía. En segundo lugar hay que aclarar que será posible seguir enseñando y exigiendo la caligrafía ligada ya que las escuelas finlandesas tienen una gran independencia curricular.

De todo este affair caligráfico lo más destacado, en mi opinión, ha sido ver las posturas de defensores y detractores, tan dogmáticas en sus formas y en su fondo como pobremente sustentadas a nivel científico. Pocas fueron las personas que se molestaron en pensar que, tal vez (y sólo tal vez) si Finlandia se lanzaba a semejante piscina plagada de tiburones, lo haría en base a una sólida evidencia científica que avalase la propuesta y evitase que, del ministro al maestro, fuesen todos devorados por una masa de opinión enfurecida. Las evidencias están, por regla general, en revistas científicas y ahí es donde habría que haber buscado, en primera instancia, ya no para sustentar opiniones, sino para formarlas.

Pero sin lugar a dudas, lo más indignante para mi fue la alarmante e intencionada mezcla y confusión de opiniones de dos perfiles que, por desgracia, confluyen con demasiada frecuencia en la misma persona y que nada tienen que ver: peritos calígrafos y grafólogos. Ninguno de los dos pintaba nada, en cualquier caso, en el debate. Los primeros se dedican a la, también llamada, caligrafía forense, comparando muestras de escritura manual para determinar si pueden, razonablemente, atribuirse a la misma persona, y que nada han de saber de la bondad o maldad de escribir a mano, excepto porque, desaparecida la escritura manual, se quedan sin trabajo. Los grafólogos, por su parte, son unos charlatanes practicantes de una pseudociencia que pretende describir los rasgos de personalidad de un individuo en función de su letra manuscrita. Esta superchería no tiene más validez que un horóscopo, la lectura de las líneas de la mano o la interpretación de los posos del café.
Esta peligrosa mezcla de lo pseudocientífico y lo verdaderamente demostrado se da, cada vez con más frecuencia, en la educación y, por el bien nuestro sistema educativo hay que ponerle coto cuanto antes.

Ilustración en B/N que muestra ejercicios de caligrafía

Ilustración original de Jorge del Oro

Lindeiros – Xaneiro 2015

Sen dúbida a noticia educativa o mes pasado foi a suposta desaparición da escritura manual na educación finlandesa. O 1 de decembro saltaba a bomba en todos os xornais nacionais: Finlandia cambiaba a caligrafía pola mecanografía nas súas aulas. Un cambio máis que disruptivo que, de anunciarse 28 días despois, pasaría por unha inverosímil inocentada.

No entanto, a pesar do disparatado da afirmación, en lugar de cuestionar a veracidade e precisión da noticia, toda sorte de tertulianos, xornalistas e opinólogos varios convertéronse, de vez, en expertos en pedagoxía e neurociencia. A pantasma das tardes pasadas en compañía do inefable caderno pequeno Rubio tocaron a moitos que, presas do desexo de vinganza, afiaron coitelos e gadañas. Se Finlandia pode, que son cabeza do mundo en educación, España que se poña xa.

Tal e como se puxo de manifesto ao día seguinte, Finlandia non se volveu tola. Non. O que ocorre é que lemos as noticias foráneas tirando de tradutor automático e ármase o belén. No país nórdico han decidido que xa está ben de obrigar por lei a que todo o mundo teña unha caligrafía ligada (a do caderno pequeno Rubio) e que, por tanto, esa destreza deixará de formar parte do currículo nacional. E iso con dúas puntualizacións básicas. En primeiro lugar, si se vai ensinar escritura manual, pero de corte máis tipográfico, como a que fai todo o mundo cando se libra do xugo de caderno de caligrafía. En segundo lugar hai que aclarar que será posible seguir ensinando e esixindo a caligrafía ligada xa que as escolas finlandesas teñen unha gran independencia curricular.

De todo este affair caligráfico o máis destacado, na miña opinión, foi ver as posturas de defensores e detractores, tan dogmáticas nas súas formas e no seu fondo como pobremente sustentadas a nivel científico. Poucas foron as persoas que se molestaron en pensar que, talvez (e só talvez) se Finlandia lanzábase a semellante piscina infestada de quenllas, faríao en base a unha sólida evidencia científica que avalase a proposta e evitase que, do ministro ao mestre, fosen todos devorados por unha masa de opinión enfurecida. As evidencias están, por regra xeral, en revistas científicas e aí é onde habería que buscar, en primeira instancia, xa non para sustentar opinións, senón para formalas.

Pero sen dúbida, o máis indignante para min foi a alarmante e intencionada mestura e confusión de opinións de dous perfís que, por desgraza, conflúen con demasiada frecuencia na mesma persoa e que nada teñen que ver: peritos calígrafos e grafólogos. Ningún dos dous pintaba nada, en calquera caso, no debate. Os primeiros dedícanse á, tamén chamada, caligrafía forense, comparando mostras de escritura manual para determinar se poden, razoablemente, atribuírse á mesma persoa, e que nada han de saber da bondade ou maldade de escribir a man, excepto porque, desaparecida a escritura manual, quedan sen traballo. Os grafólogos, pola súa banda, son uns charlatans practicantes dunha pseudociencia que pretende describir os trazos de personalidade dun individuo en función da súa letra manuscrita. Esta andrómena non ten máis validez que un horóscopo, a lectura das liñas da man ou a interpretación dos pousos do café.
Esta perigosa mestura do pseudocientífico e o verdadeiramente demostrado dáse, cada vez con máis frecuencia, na educación e, polo ben o noso sistema educativo hai que porlle coto canto antes.

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