DISCAPACITODOS

Educación, Tecnología y Accesibilidad nos importan a todos. Porque bajo las circunstancias adecuadas, todos somos discapacitados.

Acoso escolar, intervención basada en evidencias

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Gregory_Peck_Finch_Publicity_Photo.jpg

Es mucho lo que se ha escrito acerca del acoso escolar. No siempre avalado por el rigor científico. Así que vamos a intentar hablar un rato del abordaje del acoso informado por la investigación científica.

No podemos olvidar que el acoso escolar, matonismo o bullying es un problema de salud pública. No es un problema individual. Tiene origen social y no solo escolar. La escuela tiene que actuar pero no puede ni debe actuar sola.

Se considera acoso cualquier forma de vejación o malos tratos continuados en el tiempo de un alumno o alumna por otro u otra u otros, ya sea de carácter verbal, físico o psicológico, incluido el aislamiento o vacío social, con independencia del lugar donde se produjese. Tendrán la misma consideración las conductas realizadas a través de medios electrónicos, telemáticos o tecnológicos que tuvieran causa en una relación que surja en el ámbito escolar. Es la definición del art. 28. Ley 4/2011, de ámbito autonómico (Galicia) pero es el único texto normativo que conozco que define claramente el acoso escolar.

Esta definición coincide, en líneas generales, con otras aportadas por diferentes fuentes científicas. Todas ellas resaltan además que, para poder hablar de acoso, deben darse una serie de características mínimas:

  1. desigualdad de poder real o percibida. Esta desigualdad sería la que deslindaría el acoso del conflicto (que se da en situación de equilibrio de poder real o percibio), aunque hay voces críticas al respecto.
  2. la continuidad en el tiempo, aunque según la doctrina de la fiscalía general del estado también un incidente aislado, cuando el rango del bien jurídico afectado lo demande y cuando tenga lugar en el ámbito docente. En efecto son muchos los autores y estudios que defienden que un único incidente puede ser suficiente para determinar que existe acoso cuando es claro que muy probablemente se repita si no se aborta.
  3. la voluntad manifiesta por parte de la persona agresora de hacer daño, aunque también hay disparidad de criterios y abre la puerta a valorar a partir de qué edad podemos hablar de acoso o si procede cuando e/la acosador/a no es consciente de sus actos.

En cualquier caso es muy importante tener tres cosas muy claras de partida. La primera es que determinar si algo es acoso puede ser muy complicado, tener implicaciones culturales y personales y depender de la visión de la víctima.

Por ejemplo, los adolescentes perciben de modo diferente qué es acoso y qué no, especialmente cuando se da en redes. Valoran más la gravedad del daño que la repetición. Y esto ha de tenerse en cuenta a la hora de evaluarlo y abordarlo.

En segundo lugar hay que recordar que aun cuando una conducta no sea tipificada como acoso escolar no por ello es menos importante o merece menos atención educativa. Los problemas de convivencia y las agresiones, sean o no acoso, deben abordarse siempre.

Finalmente hay que tener muy presente que el acoso nos afecta a todos. En las sabias palabras del Doctor Gross, especialista en psiquiatría, “Todos somos acosadores, acosados o testigos”. En ocasiones, de hecho, participamos de varios de estos papeles.

Esto nos lleva a uno de los mitos más extendidos en el acoso que es el que divide de modo unívoco a los implicados en estos tres grupos. Cierto que en algunas ocasiones es posible deslindar claramente quien es acosador/a, quien acosado/a y quienes los testigos.Pero el acoso, como todas las relaciones humanas, también las disfuncionales, tiende a ser más complejo y pueden darse situaciones cruzadas en las que la víctima ante un grupo es la agresora ante un tercero/a. En “Matar a un ruiseñor”, Mayella acusa falsamente a Tom de violación, contando para su causa con todo el pueblo. Sin embargo a su vez es claramente abusada por su padre alcohólico. Es el ejemplo perfecto de lo que se conoce como bully-victim.

Al hablar de las personas implicadas en casos de acoso, por comodidad, reducimos los papeles a acosador/a víctima, matón-víctima y testigo. Y no debemos olvidar que todos salen perdiendo con la situación y todos necesitan intervención. Es importante no perder esto de vista porque a menudo se habla de “proteger a la víctima y castigar al agresor”. Siendo cierto, es un enfoque muy deficitario e incompleto. Primero da por supuesto que todo el mundo cae necesariamente en uno de los dos bandos…Ignora el papel de los testigos, que participan en una doble condición de víctimas y victimarios, es decir, su conducta debe ser reconducida y los efectos adversos que sufrirán derivados de participar en una situación de acoso, abordados. Ignora que la víctima puede ser también agresor, los matón-victimas o bully-victims, que son los grandísimos perdedores en este escenario en el que ya asumimos que ganadores, nadie. Ignora que la persona agresora es un menor que necesita intervención social y educativa (y no sólo punitiva). Además los/as bullies (y recalco porque hay niños y niñas) tienen riesgos psicológicos y de salud mental asociados como el que más.

Los resultados de los diferentes estudios sobre acoso y salud mental son variables y hay que recalcar que son observacionales y descriptivos. Analizan correlaciones y describen situaciones, pero no establecen relaciones de causa efecto. Este estudio (Bullying Among Middle School and High School Students) llevado a cabo por el CDC en base a los datos de la encuesta de salud infanto-juvenil de Massachusetts en 2009, aporta un buen ejemplo. Las diferentes tablas que contiene nos muestran la relación del acoso con la violencia en el hogar, el abuso de sustancias, o las ideaciones suicidas, entre otros. Os sorprenderá (o no), saber que el % de menores de ESO (Middle School) que han tenido ideaciones suicidas, sufrido un intento de suicidio o se han autolesionado es mayor entre entre aquellos con perfil de agresor que de víctima (casi el doble). Los bully-victims triplican a las víctimas en los tres indicadores. Si hablamos de haber sufrido violencia física en el hogar, el % de bullies en esta situación casi duplica al de las víctimas. Los bully-victims de nuevo son los peor parados. En Bachillerato el % de ideaciones suicidas, intentos de suicidio y autolesiones entre víctimas y bully-victims se iguala (aunque sigue siendo mayor entre los segundos) y baja ligeramente entre agresores. También en Bachillerato el % de menores que sufren violencia física en el hogar es mayor entre las víctimas que la media de la población, mayor todavía en agresores y mayor que todos ellos entre bully-victims.

Si nos vamos a Finlandia, por aquello de elegir un sistema educativo casi mitológico, los datos no son muy distintos. Bullying, depression, and suicidal ideation in Finnish adolescents: school survey. 16420 adolescentes de 14 a 16 años. Resultados:

  • mayor prevalencia de depresión e ideaciones suicidas en todos los perfiles involucrados en acoso. La depresión resultó igual de probable entre víctimas y agresores y más probable entre matón-víctimas.
  • Cuando se controlan los síntomas de depresión la ideación suicida es más común entre agresores.

Os dejo algunos estudios por si os interesa ver la variedad de resultado pero su relativa consistencia

Los testigos tampoco salen bien parados. Mucho se ha hablado de su importancia a la hora de frenar y desincentivar el acoso y muy poco acerca del impacto psicológico que pueden sufrir. Sabemos que los jóvenes que presencian situaciones de acoso a menudo tienen sentimientos de impotencia y culpa por no haberse enfrentado al agresor y ayudado a la víctima. Hay que tener cuidado con no sobreculpabilizarles. Los trabajos recientes van en la línea de considerar a los testigos, en buena medida, como víctimas o bully-victims según su papel y no perder de vista que ciertas acusaciones pueden suponer una doble victimización. Algunos estudios apuntan a consecuencias devastadoras para los testigos: “Ayudar a la víctima se ha asociado con riesgo mayor de sufrir síntomas psicológicos, menor satisfacción por la vida y peor salud”. Como bien apunta el artículo estas evidencias deberían considerarse a la hora de animar a los testigos a intervenir y reorientar las indicaciones orientándoles no tanto a intervenir directamente sino avisar a un adulto.

Esto nos obliga a replantearnos algunas de las recientes campañas e intervenciones contra el acoso que, con la mejor de las intenciones, tal vez no analizaron concienzudamente la mejor evidencia disponible. Pero entonces ¿hacer algo no es mejor que no hacer nada? Pues está claro que es urgente y necesario trabajar para prevenir el acoso escolar, minimizarlo y, si es posible erradicarlo. No solo como problema social sino como cuestión de salud pública pero no todo vale. Ciertamente hay algunas intervenciones más efectivas que otras pero, lamentablemente hay que destacar que algunas tienen, curiosamente, efecto yatrogénico, es decir, en realidad agravan el problema.

Las intervenciones que han mostrado un efecto más positivo han sido aquellas intensas y de larga duración que implican a todo el centro y que incluyen una política anti-acoso clara, que cuente con sanciones pero que no se base exclusivamente en ellas que implique el trabajo directo con las familias en los centros, mejor si es a lo largo de toda la escolaridad y desde edades tempranas. Es fundamental que estas medidas lleven parejo una mayor atención y seguimiento de los recreos. Tiene sentido porque uno de los principales factores que protegen a los jóvenes de convertirse en víctimas, acosadores o bully-victims es la confianza en que pueden hablar con su familia o con un adulto responsable con tranquilidad, sintiéndose arropados.

Tampoco podemos olvidar las situaciones que muchos menores han vivido durante esta situación de confinamiento, viendo en muchos casos como sus mayores ejercen lo que se ha dado en llamar “policía de balcón”. Una situación de violencia y acoso en toda regla, ejercida y normalizada por sus padres. El trabajo con estas familias y en entrenamiento en habilidades sociales de respeto y tolerancia debería ser prioritario.

Por contra una revisión sistemática y meta-análisis llevado a cabo en 2010 puso de manifiesto que el “trabajo con compañeros para reducir el acoso” (mediación y mentorización entre iguales y favorecer intervención de testigos) podría ser negativa. De hecho el efecto negativo es mucho mayor que cualquier de los efectos positivos encontrados para diferentes elementos de intervención como el trabajo con familias, trabajo cooperativo, etc. Esta publicación muestra que el trabajo con familias (encuentros informativos y entrenamiento específico) es la intervención más exitosa, seguida de programas de alta duración e intensidad, por encima de las medidas disciplinarias, en la reducción de las actitudes de acoso. El trabajo con vídeos de concienciación y la intensidad y duración de los programas resultaron los enfoques más efectivos en la reducción de la victimización, por encima de las medidas disciplinarias. Este estudio se refiere a estudios descriptivos fundamentalmente (aunque algunos de los trabajos analizados incluían grupos-control) y por lo tanto es sobre todo correlacional, aunque muchas variables fueron controladas y ponderadas.

Por tanto es importante, a la hora de valorar y diseñar intervenciones para prevenir o reducir el acoso escolar, conocer la mejor evidencia disponible porque no siempre lo “razonable” resulta como esperamos. En esta línea han empezado a aparecer propuestas de intervención basadas en evidencias científicas. La mala noticia es que no hay varitas mágicas y todo apunta, como hemos visto, a un trabajo de fondo, social y continuado. (CDC,2016).

Pero desde luego es fundamental evitar aquello que sabemos que, lejos de ayudar, es posible que cause todavía, a la larga y de modo soterrado, más daño que beneficio. Y desterrar de una vez por todas la visión dicotómica de las situaciones de acoso, empezando a enfrentarlas como lo que son: un problema de salud y social complejo en el que todos (acosadores, acosados y testigos) salen necesitan ayuda y apoyo. Todas las partes implicadas en el acoso escolar necesitan de apoyo y ayuda. TODAS. Cuanto antes entendamos esto, antes estaremos en la senda de su erradicación.

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